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Obras de Misericordia #1

LA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE Y LAS OBRAS DE MISERICORDIA

1. El 11 de abril de este año, su Santidad el Papa Francisco publicó la Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia que dará inició el 8 de diciembre 2015 y concluirá el 20 de noviembre de 2016, en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. En el No. 15 de esta Bula de Convocación, nos invita, entre muchas otras tareas, a “abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea” y, en el mismo número, nos llama a reflexionar sobre las obras de misericordia corporales y espirituales…”para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza”

2. Naturaleza de las obras de misericordia (1).
El Catecismo de la Iglesia Católica, No. 2447, define las obras de misericordia de la siguiente manera: “…son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Heb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt 25,31-46).

No se trata sólo de hacer obras de misericordia sino de ser, en primer lugar, misericordiosos.

3. Naturaleza de las obras de misericordia (2)

Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna y es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cfMt 6, 2-4): «El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo» (Lc 3, 11). «Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros» (Lc 11, 41). «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos o hartaos”, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (St 2, 15-16; cf Jn 3, 17).

4. Solidaridad de la Iglesia con el sufrimiento humano.

Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica, No. 2448: “Bajo sus múltiples formas —indigencia material, opresión injusta, enfermedades físicas o psíquicas y, por último, la muerte—, la miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad congénita en que se encuentra el hombre tras el primer pecado de Adán y de la necesidad que tiene de salvación. Por ello, la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador, que la ha querido cargar sobre sí e identificarse con los «más pequeños de sus hermanos».

No nos podemos quedar en una misericordia sentimental, de pura lástima, sobre el mal ajeno  sino que tenemos la obligación de vivir una misericordia efectiva de ayuda al prójimo en necesidad.

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