Monseñor Arrieta

Monseñor Arrieta… ante todo pastor

El 8 de marzo  celebramos el noveno aniversario del fallecimiento de mi querido antecesor y Obispo, Monseñor Román Arrieta Villalobos a quien recordamos como un pastor siempre vigilante del rebaño a él encomendado.

Son muchas las facetas de este Arzobispo y en cada una de ellas se confirma su extraordinaria calidad humana, su incuestionable liderazgo y talante pastoral.

Este hijo de San Antonio de Belén nació el 13 de noviembre de 1924,  fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1948 por manos de Monseñor  Juan Vicente Solís, III obispo de Alajuela. Vale decir que el joven padre Arrieta fue parte de una generación de sacerdotes incansables que iniciaron su ministerio, justamente, cuando la gran familia costarricense se encontraba enlutada por la guerra civil.

Posteriormente, y gracias a sus reconocidas dotes intelectuales, fue enviado a realizar estudios  a la Universidad Católica de Washington D.C.; donde se gradúa con honores como “Master en educación”.

A sus 36 años el Papa Juan XXIII lo nombró primer Obispo de la recién creada diócesis de Tilarán el 12 de agosto de 1961 y fue ordenado el 21 de setiembre del mismo año. Su jovialidad y cercanía caracterizaron su ministerio pastoral en las provincias de Guanacaste y Puntarenas, en donde se le recuerda, aún, como un pastor comprensivo, paternal y lleno de ternura en el diálogo personal, con cada uno de los fieles y de los sacerdotes. Cabe destacar también su incansable labor a favor de los más necesitados, luchó fuertemente por hacerles llegar los beneficios de proyectos importantes desarrollados en la provincia de Guanacaste. Unido a su espíritu misionero, que le llevo a poner a la Diócesis de Tilarán a caminar pastoralmente, sobre la base de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, en el que participó en todas sus sesiones.

El 2 de agosto de 1979,  inicia su labor pastoral en la Sede Metropolitana de San José  como V Arzobispo hasta el 13 de julio del 2002.

Su largo y productivo ministerio a saber, 56 años de sacerdote -de los cuales 43 fue obispo-  le permitieron imprimir una clara dimensión humana al sacerdocio y, a la vez, atesorar una inmensa experiencia  pastoral en clara sintonía con su lema de ordenación episcopal: Ex hominibus pro hominibus (Heb 5) con el que nos recordaba que el sacerdote ha sido tomado entre los hombres, para serviles en aquello que mira a las cosas de Dios.

El Arzobispo Arrieta Villalobos  siempre estuvo  al servicio del Pueblo de Dios y nos legó un invaluable testimonio de tenacidad en su misión, “un día sí y otro también” con los rasgos característicos del Buen Pastor. Su ejemplo nos compromete  a todos nosotros, presbíteros y obispos,  a  asumir nuestra labor pastoral siguiendo a Cristo con mayor fidelidad y entrega, dispuestos a serle fieles, asumiendo también la propia cruz para seguirle hasta el final pues, en ello, radica el bien espiritual de las ovejas a nosotros encomendadas.

Días atrás, con ocasión del 33° aniversario de nuestra ordenación sacerdotal conferida, precisamente, por la imposición de manos de Monseñor Arrieta mis compañeros y yo encomendamos, especialmente, a aquel que nos vinculó a Cristo sacerdote, y que nos inculcó el compromiso y el anhelo de vivir plenamente nuestro ministerio al servicio de los hermanos.

Elevo mi plegaria por el querido Pastor.

Mons. José Rafael Quirós
Arzobispo Metropolitano
arquisanjose.org

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