Familia no te rindas

¡Familia, no te rindas!

Mucho se oye hablar de la familia en los últimos tiempos. Eso es una realidad, y una primera reflexión nos lleva a reconocer que sólo se habla mucho de aquello que tiene gran importancia, sea ésta en la dirección que sea.

También, que la familia está sufriendo ataques por doquier, que parece como si se quisiera destruir esta institución tan antigua como la propia humanidad.

La familia, vista desde una óptica tradicional, formada por padre y madre (unidos por la Iglesia) e hijos, y con frecuencia otras personas mayores que conviven bajo el mismo techo, continúa existiendo, pero es cierto que han surgido otras formas de familia, que poco a poco van alejándose de aquel concepto y pareciéndose cada vez menos al ideal que teníamos de familia, y que en el momento presente, nos sigue pareciendo el más adecuado, por razones que señalaremos más adelante.

Es tan importante la familia y tanto el valor de la institución familiar que, desde siempre, pertenecer a una familia ha sido signo de reconocimiento, de acogida, de raíces sobre las que afianzar la personalidad del individuo. Nos atrevemos a decir con firmeza, que la familia es una institución tan valiosa, que no se conoce a un ser humano que manifieste con verdadera convicción no querer pertenecer a una familia, por problemática que fuera la suya de origen; y quizá sea por eso mismo por lo que existe un deseo profundo en cada persona, de ser miembro de una familia y de que como tal se le reconozcan sus derechos, llegando a considerar éstos casi a un mismo nivel que los de ser persona.

El hecho de que se produzcan rupturas de pareja, desunión de la familia, etc., no significa que la familia esté en crisis, puede que sí estén en crisis las personas que la forman, puede que cuando se unieron, la decisión no fuera suficientemente reflexionada, puede que se tratara de un intento de construcción de familia, pero sin el debido análisis sosegado del hecho y de sus consecuencias, puede que alguno (o ambos) de quienes iniciaron el camino hacia una supuesta familia, fueran portadores de ciertas condiciones personales que les impedían asumir el compromiso necesario para llevarlo a cabo en todas las circunstancias. Puede, incluso, que más de una pareja que inició su andadura amorosa, simplemente porque les apetecía compartir la vida en ese momento presente, se encontraron con un compromiso para el que no se sentían preparados…

Es evidente que la familia necesita, como todo lo valioso, de una planificación detallada, de una responsabilidad compartida y de un compromiso serio. De no ser así, se corre riesgo de aparición de dificultades.

Conviene recordar que:

  • La familia es el centro y base del equilibrio psíquico necesario para que se produzca un correcto desarrollo y prosperidad del ser humano.
  • El soporte afectivo y la comunicación intra familiar marcarán tal equilibrio.
  • Es en la familia donde se produce la entrega más generosa conocida, de tiempo, de enseñanza, de transmisión de valores, económica, etc.
  • No existe otro entorno que pueda aportar más afecto al individuo, que la familia. Y es el afecto, el amor, el que genera seguridad, equilibrio, alegría, paz…, valores todos ellos, que compartidos con otras personas, otras familias, va haciendo que se produzcan grupos, sociedades, más amorosas, más solidarias, más generosas… mejores sociedades, en definitiva.

Con frecuencia se critica a esta sociedad, aludiendo a que es la responsable de muchos males, a que no responde al ideal que nos habíamos imaginado, etc. y quizá sería bueno que cayéramos en la cuenta de que todos nosotros formamos parte de esta sociedad, y que nos preguntáramos: ¿cómo contribuimos, como individuos, como matrimonio y como familia, a que la sociedad sea la que deseamos? Es momento tal vez, de reflexionar sobre nosotros, nuestro estilo de vida, nuestra forma de relación, nuestra contribución al mundo del que somos parte. Esta sociedad no será cosa distinta de lo que es el conjunto de las familias que la forman.

No olvidemos que es nuestra la responsabilidad de hacer brotar de cada uno de nuestros hijos lo mejor que lleva dentro, y de contribuir a que cada uno de los miembros de nuestra familia, sea éste padre, madre o hijo, llegue a ser lo máximo que esté llamado a ser, como persona, como ser humano, capaz de amar, de permitir ser amado y de colaborar en la construcción del mundo que le ha tocado vivir.

Éstas son algunas de las muchas razones que nos ponen de manifiesto el inmenso valor de la familia, y por ese valor, por todo lo bueno que se genera en ella, por la felicidad que aporta al ser humano, no debemos rendirnos jamás a apoyar a la familia establecida en el amor y el respeto a sus miembros. Estaría bien que se promulgaran leyes que la protegieran de manera especial, que contribuyeran de manera firme y decidida a apoyarla en la hermosa y apasionante tarea educativa, ayudándole a hacer personas con buena estima, cubiertas de afecto, amantes del respeto y la responsabilidad y haciéndola fuerte ante las adversidades propias de la vida, pero mientras esto ocurra, y no perdemos la esperanza de que así sea, a nosotros nos corresponde proteger lo que consideramos que es nuestro mayor tesoro, y por extensión, el mayor tesoro de la sociedad.

Quien atenta contra la familia viola la dignidad y la libertad de la persona y el bien común de la sociedad. El hombre y los gobiernos tienen el deber de proteger a la familia como la fuente principal de la vida y, en consecuencia, de la sociedad.

Desafortunadamente, la familia está en peligro cuando se anteponen intereses particulares e ideológicos, desde la equiparación de determinadas uniones al matrimonio a la legalización del aborto que trunca el fin último del matrimonio que es la donación absoluta del amor y su consecuente apertura a la nueva vida.

Hoy se atenta constantemente contra la dignidad y el valor trascendente del ser humano. No son pocas las sociedades que conciben a la persona como un derecho, como una mercancía. Pero la persona es un bien en sí misma, no es un medio, no puede producirse, sino que debe engendrarse fruto del amor entre el hombre y la mujer convenientemente unidos en matrimonio.

Se ha repetido hasta la saciedad, y espero que pueda seguir repitiéndose por los siglos de los siglos -aunque muchos lo dudan-, que hay que cuidar de la familia porque es la unidad básica de la sociedad, la más importante y fundamental de todas las instituciones sociales.

La familia es una de las formas permanentes de la vida humana, cimiento de la sociedad, crisol donde se forjan las líneas maestras del carácter, lugar de las relaciones sexuales plenas y de la realización espiritual de la pareja.

A pesar de los falsos profetas, la familia superará esta crisis, está superándola ya, porque la historia nos enseña que siempre renace de sus cenizas, que es la institución que ha sobrevivido al mayor número de calamidades posibles. Cuando no queden ni los ecos de las voces que anuncian su destrucción, la familia seguirá intentando hacer personas libres de los niños que trajo al mundo

- José Luis Pinillos, académico y catedrático español

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